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Casa Generalicia – Mensaje para el Año Jubilar

Queremos compartir el Mensaje que ha sido divulgado por parte de la Casa Generalicia de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.  Deseamos que estas orientaciones nos ayuden en este tiempo santo.

 

Hermanos, Lasalianos, alumnos, antiguos alumnos y padres:

Saludos desde la Casa Generalicia.

El 8 de diciembre vamos a celebrar un acontecimiento importante aquí en Roma. En ese día, el Papa Francisco inaugurará el Año Jubilar especial de la Misericordia y se abrirá la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro. Con este acto, el Papa Francisco dice que dicha puerta se convertirá en una puerta de misericordia, a través de la cual cualquiera que entrará podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece esperanza.

El año jubilar especial de la Misericordia nos devuelve nuevamente a las verdades fundamentales de nuestra fe que aprendimos siendo niños; es decir, a la práctica de las obras corporales y espirituales de misericordia. Debemos aprovechar esta oportunidad para recordar las obras corporales: alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, sanar a los enfermos, visitar a los encarcelados y enterrar a los muertos. Las cuales deberán ir acompañadas con las obras espirituales: aconsejar al que lo necesita, enseñar al que no sabe, amonestan a los pecadores, consolar a los afligidos, perdonar las ofensas, soportar con paciencia a aquellos que nos hacen mal, y orar por los vivos y difuntos.

Nosotros Lasalianos, Hermanos y Colaboradores, somos ministros de Dios y embajadores de Jesucristo y, como tales, es nuestro deber ser instrumentos de la misericordia. Las obras de misericordia corporales están en el corazón de la vida cristiana. Al involucrarnos en nuestros respectivos ministerios, cuando nosotros, como profesores y estudiantes participamos en programas de servicios comunitarios y de divulgación, cuando defendemos la justicia para los pobres y oprimidos, cuando visitamos a los enfermos y damos la bienvenida al forastero y al refugiado, manifestamos la misericordia de un Dios amoroso.

Mediante nuestro carisma lasaliano estamos respondiendo a una necesidad particular identificada por el Papa Francisco para este Año Jubilar de la Misericordia. En todos nuestros ministerios educativos nos dedicamos a ayudar a “superar la ignorancia en que viven millones de personas, especialmente los niños privados de los medios necesarios para liberarse de las ataduras de la pobreza”. (p. 17).

Apenas el mes pasado, en el Consejo General escribimos, en la primera de nuestras previstas Reflexiones Lasalianas anuales: “En las Escrituras hebreas, el Nuevo Testamento y la historia humana percibimos una y otra vez que el pueblo de Dios está en éxodo, huyendo de la opresión, la guerra, la esclavitud u otras calamidades. Vemos que el Dios vivo acompaña siempre a los pobres, los emigrantes y los jóvenes… a través de la educación. Durante más de 330 años de historia en los que Dios ha estado con nosotros, hemos compartido el amor de san Juan Bautista de La Salle por los jóvenes, especialmente los pobres”.

El icono que hemos elegido para nuestro año lasaliano 2015 – 2016 es el del Buen Samaritano, ¡una persona misericordiosa por excelencia! Al igual que en los tiempos del buen samaritano y del Fundador, nuestras sociedades contemporáneas sufren de indiferencia hacia los abandonados al borde del camino. Nuestro desafío es ofrecer una acogida radical, el óleo de la consolación, de la compasión y la inclusión. (Pág. 7). El Papa Francisco nos llama a “soportar las debilidades y luchas de nuestros hermanos y hermanas”.

En este año jubilar especial de la Misericordia, junto con el Papa Francisco y la Iglesia universal, comprometámonos a brindar respuestas concretas de misericordia. Ofrezco a su consideración dos vías de acción a partir de nuestra primera Reflexión Lasaliana:

 PARA LA REFLEXIÓN

  1. En nuestra Regla recientemente revisada se dice que Los programas educativos incluyen la preocupación por la promoción de la paz, la justicia y la integridad de la creación (Regla 17.1). ¿Cómo podemos asegurar que nuestros centros educativos se conviertan en un poderoso instrumento de misericordia y compasión hacia el prójimo y, al mismo tiempo, desafíen las estructuras y políticas injustas que deshumanizan a los pobres, a los inmigrantes y a los jóvenes?
  2. En nuestros propios itinerarios evangélicos, ¿con qué personaje nos identificamos en la parábola del buen samaritano? ¿Qué invitaciones escuchamos por parte del Señor? ¿Qué conversión se espera de nosotros y de nuestras comunidades lasalianas? San Juan Bautista de La Salle escribió que “Dios espera de ustedes que muevan los corazones” (Med. 193,3). Al meditar la parábola del buen samaritano, ¿a qué tipo de experiencia de Evangelio nos sentimos llamados con el fin de mover los corazones?

Gracias. Juntos podemos cantar con el salmista lo que ya cantó hace miles de años: la misericordia de Dios permanece para siempre.                         

Hno. Roberth S.  (Superior General)

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